Visual thinking: pensar en imágenes

Añoro los tiempos del teléfono fijo. No soy una nostálgica de la tecnología analógica. Es que echo en falta todos esos inútiles dibujitos que garrapateábamos mientras atendíamos una llamada. La telefonía móvil ha minado esta sana práctica. Claro que todavía nos quedan situaciones (y lienzos) para resarcirnos: los apuntes de clases, las servilletas del restaurante, los folletos publicitarios… Todo el mundo dibuja, tarde o temprano, de manera profesional o amateur, con más o menos talento. La humanidad lo ha hecho desde que es humana. Porque el dibujo es resultado de aquella condición que define al homo sapiens: el pensamiento simbólico.

El visual thinking o pensamiento visual aprovecha la alta capacidad de referenciación y el potencial mnemotécnico del dibujo, ya sea para propiciar la comprensión de conceptos complejos o para gatillar el proceso creativo. El visual thinking es, básicamente, ilustración, pero con un agregado: facilita el desarrollo de mapas mentales muy expresivos y, en consecuencia, altamente efectivos.

«El dibujo no es cosa de niños», sostiene el mago, humorista y conferenciante Jandro en el prólogo de un interesante texto sobre visual thinking (De Pablo y Lasa, 2019: 9). No es mera decoración:

El mapeo de un proyecto, la definición de escenarios de uso, el diseño de procesos, la definición del customer journey o el prototipado de baja y alta fidelidad son algunas de las aplicaciones de las metodologías del design thinking. En todas estas herramientas el dibujo de conceptos participa como un recurso troncal (De Pablo y Lasa, 2019: 15).

Resumiendo, el pensamiento visual sirve para organizar, contextualizar, diseñar, explicar, recordar.

Además, tiene una enorme ventaja en comparación con aplicaciones más sofisticadas: ¡es barato! Si en este momento estás pensando en contrargumentar: «vale, el pensamiento visual es barato para quien sepa dibujar, pero yo tendría que pagarme un curso de arte antes de ponerme a hacer monigotes», ¡alto ahí! No estamos hablando de cultivar un arte pictórico, sino de liberar nuestra innata tendencia a pensar en imágenes e imprimirle una aplicación de lo más pragmática. Bunpei Yorifuji, dibujante japonés que es autor de una curiosa guía de dibujo para impulsar la creatividad, declara que su propio libro «se trata más bien de una obra para ayudarte a representar lo que piensas, y no de un manual para aprender a dibujar bien». P. Pochet, que firma otra guía de pensamiento vsual, busca provocar a los lectores más escépticos a través de una pregunta: «¿Sabrías trazar un cuadrado, un triángulo o un rectángulo? Si es así, ¡entonces sabes dibujar!». Su planteamiento es que todo lo que nos rodea se puede descomponer en formas geométricas.

Algunos recursos y buenas ideas

Libros

F. De Pablo y M. Lasa, ¡Dibújalo! Innova, crea y comunica de manera visual, Madrid, LID Editorial Empresarial, 2019.

P. Pochet, Rough: Dibujar en 2 trazos y 3 movimientos, Barcelona, Gustavo Gili, 2018.

B. Yorifuji, Rakugaki: Cómo potenciar tu imaginación a través del dibujo, Barcelona, Blackie Books, 2009.

Apps

Inkflow es una aplicación para tomar apuntes a mano, como si escribieras sobre papel pero con la diferencia de que luego los puedes modificar y reorganizar.

Paper, aplicación para iPad con la que se pueden hacer sketches o intervenir imágenes para realizar collages, mapas mentales y mucho más.

Tawe permite convertir tus dibujos en presentaciones multimedia, partiendo de una simple fotografía o captura de pantalla. Disponible en Google Play y App Store.

Blogs y posts

Enredar y aprender, el blog de la licenciada en arte y educadora Garbiñe Larralde, está dedicado a la innovación didáctica y tiene una sección sobre visual thinking: http://enredarteayudaaprender.blogspot.com/search/label/visual%20thinking

Extreme Service Jam es una web especializada en el prototipado de servicios; uno de sus posts ofrece valiosos consejos para no amilanarse ante la práctica del dibujo: https://extremservicejam.wordpress.com/2013/02/18/que-es-visual-thinking-y-como-puede-ayudarte/

Mi propia experiencia

La situación era ésta: con motivo del Día Internacional de la Mujer, la universidad donde hago mi doctorado llevaría a cabo una jornada de buenas prácticas de incorporación de la perspectiva de género en las actividades académicas. Yo quería presentar un proyecto de divulgación periodística de mi tesis sobre el ecosistema urbano de innovación. Te asignaban tres minutos para hacer la presentación y como apoyo podías usar una única imagen. ¿Se entiende el reto al que me enfrentaba? Una tesis doctoral condensada en 3 minutos y 1 imagen.

Me planté ante mi sketchbook y empecé a garabatear. Fueron surgiendo dibujos que narraban gráficamente diferentes escenarios por los que había pasado en mi periplo académico, crisis incluidas. Fui agrupando, concentrando, sintetizando y simplificando. Al final resultaron cuatro dibujitos que representaban un mismo personaje: yo (afortunadamente soy fácil de dibujar, creo yo). La imagen que acompañó mi presentación era una fotografía de una doble página de mi libreta de sketching. O sea que, más que una imagen, se trataba de una viñeta y, por lo tanto, una narrativa.

¿Por qué no intentarlo?

Si eres de quienes piensan que no saben dibujar, pero ahora te está tentando la posibilidad y, sobre todo, si tienes una historia que contar, te propongo un ejercicio: ¿qué tal si resumes en dibujos este mismo artículo (u otro que elijas)?

Si además te decides a compartir el resultado por medio de un comentario, me harás muy feliz.


Este artículo se publicó originalmente en el blog personal de Carolina Campalans. El artículo completo y el contenido multimedia están disponibles en este enlace.

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